Orígenes del casino

Historia de la ruleta

La ruleta, que proviene del término francés "rueda pequeña", se desarrolló principalmente en Francia. Antes del desarrollo de la rueda giratoria de precisión que distingue a la ruleta, se jugaban otros juegos con reglas y premios similares, en que los números se elegían extrayéndolos de una bolsa o jugando a las cartas. En Italia, esos juegos se llamaban biribi (según la descripción de Casanova en sus memorias) y hoca. En Inglaterra, se llamaban rowletroly polyace of hearts.

Historia de la ruleta: primeros años
Es posible que el inventor y matemático francés Blaise Pascal (inventor de la jeringa, la prensa hidráulica y la calculadora) haya sido el pionero del juego de la ruleta a mediados del siglo XVII. Su afinidad con Pierre de Fermat (desarrollador del cálculo) llevó al desarrollo de la teoría de la probabilidad. Sus trabajos comenzaron en respuesta a una pregunta acerca de un juego de dados que planteó Chevalier de Mere. Pascal pasó una parte importante de su vida intentando inventar una máquina con movimiento perpetuo. En 1655, uno de sus intentos frustrados fue una rueda giratoria prácticamente sin rozamiento.

Historia de la ruleta: del siglo XIX al XXI
La rueda familiar, las reglas y el nombre surgieron en los casinos de París, Francia, en la década de 1790. Durante el siglo XIX, la ruleta se convirtió en un juego de casino popular en toda Europa gracias a los hermanos franceses Francois y Louis Blanc. En 1843, inauguraron el casino de Kursaal en Bad Homburg, que ofrecía una nueva ruleta con un cero simple. En 1863, Francois Blanc obtuvo la concesión del juego en Mónaco, lo que convirtió a Montecarlo en el principal destino de casino antes de la Primera Guerra Mundial. Gracias a la ruleta con un cero simple de los hermanos Blanc, el juego se volvió tan popular (y rentable a pesar de que el casino tenía la menor ventaja), que surgió la leyenda de que los hermanos habían celebrado un pacto con el diablo, vendiéndoles sus almas a cambio de "los secretos de la ruleta". La leyenda también hace notar que la suma de los números de la ruleta da un total de 666. (Cabe aclarar que la leyenda pasa por alto el hecho de que la innovación realizada por los Blanc, de eliminar el doble cero, no modifica esa suma).

Historia del blackjack

La popularidad actual del blackjack surgió de la tentadora posibilidad de que los jugadores pueden obtener una ventaja y engañar al casino. A partir del libro best seller del Dr. Edward O. ThorpBeat the Dealer, aumentó drásticamente el grado de habilidad y la cantidad de jugadores de blackjack en el casino. El blackjack ha sido, durante casi 50 años, uno de los juegos de casino favoritos de matemáticos y analistas. Se ha escrito más acerca del blackjack que de cualquier otro juego de casino. Antes de la expansión del poker online, el blackjack era un tema mucho más popular para el análisis que el poker.

A pesar de todo el análisis, la mayoría de los que escriben sobre blackjack le han prestado poca atención a la historia del blackjack. En 2006, el principal experto en blackjack Arnold Snyder, en "El gran libro del blackjack" (The Big Book of Blackjack) de Cardoza Publishing, investigó los orígenes y los juegos que antecedieron al blackjack. David Parlett, un autor e inventor de juegos británico, también hizo numerosas publicaciones online y en libros acerca de la historia del blackjack.

El blackjack incluye las siguientes características: baraja de cartas, jugador contra dealer, ganador determinado por el valor numérico de las cartas.

Historia del blackjack: primeros años
El primer juego con esos elementos fue el juego español llamado veintiuna (21). Miguel de Cervantes, más conocido por Don Quijote, escribió Rinconete y Cortadillo, que se publicó como una de sus doce novelas ejemplares en 1613. Un juego de apuestas llamado "ventiuna" aparece en obras escritas que se remontan aproximadamente al año 1440 (aunque existen varios juegos no relacionados que se llaman igual).

En Inglaterra, hubo una variante de este juego llamada bone ace durante el siglo XVII. En la historia de Cervantes y en "bone ace", según describe Charles Cotton en The Complete Gamester (1674), un as puede valer uno u once. Un predecesor francés del blackjack llamado quinze (15) apareció por primera vez en el siglo XVI y fue popular en los casinos de Francia a principios del siglo XIX. Un juego de cartas italiano llamado sette e mezzo (siete y medio) se jugaba a principios del siglo XVII. El "sette e mezzo" incluía una baraja de 40 cartas (sin incluir los ochos, los nueves ni los dieces). Las cartas restantes se correspondían con su valor numérico; las figuras valían la mitad.

En Bélgica, también se jugaba otro juego francés, trente-et-quarante (30 y 40), en el Spa Casino en 1780. A diferencia de la mayoría de estos primeros juegos, en el "Trente-et-quarante", la casa era la banca, es decir que el casino jugaba contra los jugadores, ganando o pagando las apuestas que estos hacían. Este juego fue también la primera versión que ofrecía una apuesta de seguro.

Las reglas del blackjack moderno confluyeron en el juego francés vingt-un (o Vingt-et-un "21") a mediados del siglo XVIII. Entre los entusiastas que promocionaban el juego en Francia a fines del 1700 y a principios del 1800 estaban Madame Du Barry y Napoleón Bonaparte.

Historia del blackjack: del siglo XIX al XXI
En Estados Unidos en el siglo XIX, los casinos finalmente adoptaron dos reglas que hicieron que el juego fuera más favorable para los jugadores: estos podían ver una de las cartas del dealer, y el dealer tenía que conseguir manos de 16 o menos y plantarse con un 17 o más. A principios del siglo XX, el juego se volvió más conocido como blackjack debido a una promoción (que se probó brevemente y se descartó a la larga) que consistía en pagar un bono si el jugador sumaba 21 con el as de picas y una jota negra (jota de trébol o de picas).

Tras la popular investigación académica del Dr. Thorp y de posteriores jugadores y analistas, el blackjack se convirtió en el juego de mesa más popular en los casinos. A pesar de que los casinos se beneficiaron con el desarrollo de la estrategia básica y el recuento de cartas, en general han desaconsejado la práctica. Aunque numerosos fallos de tribunales hayan establecido que contar las cartas no es una forma de hacer trampa, los casinos en la mayoría de las jurisdicciones tienen derecho a prohibir la entrada de jugadores por cualquier motivo. Los casinos particulares también modifican las reglas del blackjack (que a veces difieren de una mesa a otra): diferentes cantidades de barajas, diferentes entradas de barajas, la casa pide carta o se planta con un 17 blando, límites para dividir o doblar, y posibilidad o imposibilidad de rendirse.

En libros como "El gran jugador" (The Big Player, 1977) de Ken Uston y Bringing Down the House (2002) de Ben Mezrich, se describen las fortunas que ganaron (y a veces perdieron) equipos de contadores de cartas en el blackjack. El libro de Mezrich se convirtió en la famosa película 21.

Historia de los dados

El término dados es una variante estadounidense de la palabra "crabs", que se remite a Francia en el siglo XIX. Crabs era un término para designar el doble as, la tirada más baja posible en el hazard, el juego de dados que dio origen a muchos de los juegos de dados modernos. De manera similar, el término francés crapaud, o sapo, hacía referencia a la posición de las personas que jugaban a los dados, que se agachaban en las calles o las aceras para ver mejor la tirada.

Historia de los dados: primeros años
No obstante, los juegos de dados han existido desde los albores de la historia documentada. Arqueólogos desenterraron dados de seis lados en la Mesopotamia (en el norte de Irak) que se remontan al año 3000 a.C. y que estaban marcados con puntos en lugar de números, dados de Pompeya y dados de piedra caliza que datan del año 600  a.C. en Egipto. Algunos dados se tallaron con la forma cuadrada de los huesos de los nudillos de los cerdos y los huesos de la cadera de una oveja, por eso en los orígenes se hablaba de hacer rodar huesos. Muchos emperadores romanos adoraban los dados. Julio César, al cruzar el río Rubicón, proclamó la célebre frase: "la suerte está echada". Claudio encargó una mesa especial para hacer rodar los dados mientras viajaba en su carruaje. Calígula era famoso por ser mal perdedor. Nerón fue famoso por apostar el dinero del tesoro del pueblo en unas cuantas tiradas de dados.

En la península arábiga existió un original juego de dados llamado azzahr que posteriormente se transformó en hazard. Las primeras formas del "hazard" se registraron en el siglo XII e incluso se mencionaban en "Los cuentos de Canterbury" (Canterbury Tales) de Chaucer, aunque el juego probablemente se remonta a las Cruzadas. El complejo juego "hazard" fue convirtiéndose con el correr de los años en un juego de mesa que se adaptaba fácilmente al repertorio de los primeros casinos. Los jugadores franceses llevaron el juego a Estados Unidos por primera vez a Nueva Orleans.

Historia de los dados: del siglo XIX al XXI
El modo de juego de los dados en la actualidad comenzó a tomar forma cuando John H. Winn introdujo la opción de apuesta "Don't pass" (no pasar línea) para que el casino goce de una ventaja sin tener que recurrir a hacer trampas; la ventaja del casino era muy baja y esto generaba un problema en los casinos estadounidenses en el siglo XIX. Si bien los juegos de dados se simplificaron respecto de los orígenes del "hazard", el desarrollo del juego continuó ofreciendo numerosas opciones de apuestas y un entorno de apuestas grupales que dependía del tirador de los dados para que todos los jugadores ganaran dinero. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados popularizaron el juego al jugar sobre una manta del ejército para controlar la tirada de los dados.

Historia de las tragamonedas

siglo XIX

Las máquinas de monedas en los casinos y otros establecimientos de juego se desarrollaron simultáneamente en Inglaterra y EE. UU. en la última década del siglo XIX. En ambos lugares, las tragamonedas se popularizaron como parte de la tendencia hacia los dispositivos "automáticos" en la vida cotidiana. La generación que innovó las tragamonedas además creó fonógrafos, largometrajes, cajas registradoras y máquinas expendedoras.

En 1890, Punch satirizó la vida cotidiana en el artículo sobre futuro inmediato:"From the Diary of the Automatically Conducted'. El artículo comenzaba así: "a las 7 a. m., recostado sobre una cama construida automáticamente y puesta sobre el piso... Me levanto y me lanzo a un vestidor automático y a una silla automática para lavarme y afeitarme, y después de que me vista una máquina automática, me traslado en un ascensor automático hasta el comedor, donde me alimenta un "proveedor de desayunos privado automático".

Las tragamonedas del período entre las décadas de 1900 y 1960 tenían las siguientes características en común: una ranura para introducir una sola moneda, una pantalla en la que se visualizaban tres cilindros con diversos símbolos, una palanca que iniciaba la secuencia de hacer girar los cilindros mecánicos, premios cuando se alineaban determinadas combinaciones de símbolos y premios automáticos en monedas que la máquina expendía.

Inglaterra otorgó las primeras patentes para juegos con ruedas giratorias que funcionaban con monedas. En 1887, William Oliver desarrolló un juego de carreras de caballos en que se movían caballos de juguete en ruedas mecánicas concéntricas. Dos años después, Anthony Harris patentó un juego de diales giratorios fijados a paredes.

Al mismo tiempo, un grupo de maquinistas de operarios de San Francisco liderado por Charles Fey creó las primeras tragamonedas reconocibles. La Liberty Bell (Campana de la libertad) de Fey se convirtió en la base (e incluso el nombre) de las populares tragamonedas durante varias décadas. Esta generación de máquinas tenía cilindros giratorios, una palanca, se jugaba con una sola moneda y otorgaba premios cuando se hacían coincidir los símbolos de corazones, picas, diamantes, herraduras y campanas. Cada cilindro incluía 10 símbolos, lo que generaba un máximo de 1.000 combinaciones. En las primeras versiones, los premios se entregaban en mano, el mayor de ellos era de veinte monedas de cinco centavos y se otorgaba cuando se alineaban tres campanas. Durante una década, las máquinas de Fey incluían cilindros que se detenían en secuencia (lo que aumentaba el suspenso en los jugadores) y premios automáticos.

En la primera década del siglo XX, Herbert Mills de Chicago, Illinois, EE. UU., desarrolló tragamonedas que copiaban a las máquinas de Fey, pero incluían otras características para evitar demandas legales. En las máquinas de Mills, los cilindros pasaron a tener hasta 20 símbolos, lo que generaba 8.000 combinaciones posibles. (Con el fin de que las máquinas se diferenciaran de las de Fey, Mills incluyó símbolos de cerezas, naranjas, limones y ciruelas, lo que dio origen al sobrenombre "máquinas de frutas", que mantiene su popularidad en la actualidad, especialmente en Gran Bretaña). Además, tenían pantallas de visualización más grandes para que los jugadores pudieran ver sus "jugadas fallidas" por encima y por debajo de la línea de pago.

Década de 1960

Bally revolucionó las tragamonedas en la década de 1960 con un juego llamado Money Honey. La Money Honey debutó en 1963. Para aprovechar los avances en materia de electrónica, las máquinas de Bally eran la nueva versión de tragamonedas fabricadas a la imagen de Las Vegas Strip: colores brillantes, luces intermitentes, ruidos fuertes y la promesa de la acción acelerada. La Money Honey además incluía un embudo para monedas (un compartimiento con capacidad para 2.500 o más monedas) y una bandeja de metal en la parte inferior, en la que los premios caían en cascada a una velocidad de seis monedas por segundo. En 1968, Bally abastecía un 94 % de las tragamonedas de los casinos de Nevada. Estas máquinas también introdujeron la modalidad de juego multimoneda.

El éxito de Bally hizo que las tragamonedas se popularicen mucho más en Las Vegas, lo que generó competencia en la fabricación de máquinas distintas y mejores. Las características eléctricas de la Money Honey dieron origen a la tendencia de incluir componentes electrónicos y, en última instancia, computarizados en las tragamonedas.

Década de 1980

En 1979, el distribuidor de Bally, William "Si" Redd, creó International Gaming Technology (IGT), que dominó la innovación y las ventas de tragamonedas hasta fines de la década. Poco después de la fundación de IGT, la compañía presentó las primeras tragamonedas de poker en video.

Mientras tanto, un técnico informático llamado Inge Telnaes desarrolló un programa informático para tragamonedas basado en un generador de números aleatorios (RNG) en lugar de cilindros giratorios accionados por mecánicos físicos. Gracias a este programa de "cilindros virtuales", fue posible ofrecer jackpots con premios astronómicos sin dejar de operar de forma rentable. IGT patentó esta tecnología en 1984. En 1986, creo la Megabucks, la tragamonedas progresiva más grande y más popular que haya existido. Las máquinas Megabucks se interconectaban en todo el estado de Nevada.

Década de 1990

En 1992, Bally introdujo Game Maker, una tragamonedas con video que permitía a los jugadores elegir entre diferentes tragamonedas (y juegos de poker en video) y denominaciones. El éxito de Game Maker e IGT en los juegos de poker en video llevaron a un aumento en el uso de la animación en video (con botones y, en algún momento, el incremento de pantallas táctiles, pero sin que se reemplacen por completo las palancas).

A fines de la década de 1990, las tragamonedas comenzaron a ofrecer premios multilínea y eventos extra que activaban pantallas adicionales o rondas destacadas del juego. La empresa australiana Aristocrat Leisure Ltd. fue pionera en la creación de tragamonedas con video (también conocidas como "Pokies" en Australia) que ofrecían premios multilínea. WMS Gaming, con su popular tragamonedas con video Reel 'Em In, también generó interés en la animación de videos y los eventos con bono.

Una de las primeras características extra era una especie de ruleta ubicada en la parte superior de la máquina, que se activaba con una determinada combinación de cilindros. Bally al principio ofreció este bono con la Wheel of Gold. En 1997, IGT adquirió licencias para utilizar el popular programa televisivo estadounidense Wheel of Fortune en las tragamonedas. Sus máquinas Wheel of Fortune incorporaron el aspecto de la rueda del programa televisivo y el sonido de la audiencia cantando "¡rueda... de... la... fortuna! cuando los jugadores acertaban una combinación que les permitía hacer girar la ruleta. Wheel of Fortune se convirtió en la tragamonedas más popular de todos los tiempos. Además marcó el inicio de la era de las "máquinas temáticas". En 1998, IGT presentó la primera tragamonedas Elvis.

Siglo XXI

En los últimos años, se completó la transformación de las tragamonedas. A pesar de que, en sus orígenes, las máquinas lucían y funcionaban como máquinas expendedoras, ahora cuentan con el diseño puro, pero complejo, de las computadoras personales y los sistemas de juego y entretenimiento para el hogar. De la misma manera en que las fichas reemplazaron el dinero en efectivo en otros juegos de casino, los créditos y los tickets han reemplazado a las monedas en las tragamonedas. Durante la última parte de la década de 1980, las máquinas comenzaron a incluir medidores digitales que registraban las monedas que introducían y recibían los jugadores. En la década siguiente, las tragamonedas comenzaron a aceptar billetes aparte de monedas y fichas. (En muchos casinos de ladrillo, se juega sin monedas actualmente). La transición para dejar de usar monedas se completó cuando las tragamonedas que las expendían por medio de embudos implementaron las lectoras TITO (ticket-in/ticket-out). Los jugadores pueden introducir dinero en efectivo o tickets que representan créditos. La máquina expende tickets con crédito en lugar de monedas. En los quioscos de los casinos que se asemejan a los cajeros automáticos, los jugadores pueden cambiar el dinero en efectivo por tickets con crédito o canjear los tickets por efectivo.

Historia del bacará

Historia del bacará: primeros años
Los orígenes del bacará se remontan a fines del siglo XV. El juego italiano baccarà (que significa "cero") era popular en diferentes ciudades y pueblos italianos, y los franceses lo adoptaron cambiándole el nombre por "baccarat". Puesto que los jugadores de casino en Europa querían incorporar más juegos de cartas para jugar, la popularidad del bacará aumentó.

Historia del bacará: del siglo XIX al XXI
El juego se popularizó bastante durante el reinado del "Rey Sol", Luis XIV, que lo introdujo en la aristocracia. El bacará también se volvió parte de los juegos de casino británicos que se practicaban en el siglo XVIII. También fue popular en Montecarlo en el siglo XIX.

El bacará tuvo un impulso moderno como elegante juego de altas apuestas de casino en las películas de James Bond. El superespía juega al bacará en "Dr. No"(Dr. No, 1962), "Operación trueno" (Thunderball, 1965), Casino Royale (Casino Royale, 1967), "Al servicio secreto de su majestad" (On Her Majesty's Secret Service, 1969), "Sólo para sus ojos" (For Your Eyes Only, 1981), "Licencia para matar" (License to Kill, 1989) y "Goldeneye: el regreso del agente 007" (Goldeneye, 1995).

En la actualidad, hay tres versiones de bacará que conservan su popularidad. Las versiones chemin de fer y banque del bacará mantienen su popularidad en Francia y Montecarlo, mientras que punto banco es habitual en los casinos norteamericanos y en algunos del Reino Unido. Todos los juegos se juegan prácticamente de la misma manera, con algunas diferencias en cuanto a cómo se reparten las cartas, Si bien las secciones high roller de cualquier casino ofrecen una de esas versiones, los pisos de casino para los apostadores convencionales ofrecen el mini bacará, que consiste en una mesa más pequeña con límites más bajos.

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